It is about Self-Discipline

It is about self discipline.
It is about deciding what’s important first.
It is about deciding what is not worth doing.
It is about understanding that time (and resources) are finite.
It is about commitment.
It is about happy life.
It is about finding meaning in life.
It is about perception.
It is about being practical.
It is about self-control.
It is about self-discipline.
It is about controlling what controls emotions.
It is about acceptance.
It is about embracing reality.
It is about understanding that change is part of reality.
It is about handling expectations.
It is about temperance.
It is about short term vs long term.
It is about resilience.
It is about standing up again.
It is about patience.
It is about habit.
It is about controlling thoughts.
It is about being present.
It is about awareness.
It is about progression and growth.
It is about being adaptable, to evolve.
It is about managing fear.
It is about

It is about God.

Luis H. Fernandez

Uno de mis encuentros con Filosofía

-Señora, ¿le cuento un secreto?
-¿Y qué secreto es secreto cuando se cuenta a una desconocida?
-Tiene usted razón, pero sígame la corriente.
-No sé por qué, pero bueno, cuénteme su secreto.
-A veces me aburro de pensar.
-¿Es ese su secreto?
-¡Claro!
-Pensé que sería un secreto más difícil.
-¿Más difícil que ese?
-Sí, me imaginé algo más profundo, o algo más personal.
-¿Más profundo?¿Más personal? No puedo contarle algo más profundo ni algo más personal.
-Bueno, ahora que su secreto es menos secreto, ¿cómo se siente?
-¿La verdad? Igual.
-Vaya, usted me sorprende: me cuenta secretos que no son secretos, y al contarlos se siente igual. ¿Por qué me lo cuenta?
-Porque necesitaba decírselo a alguien. Es un dilema que quiero a veces compartir.
-Y cuénteme, ¿por qué a veces se aburre de pensar?
-!Señora! Porque es difícil pensar, es cansado, es complicado.
-¿Y cuándo se aburrió de pensar?
-No, nunca me aburro de pensar, sólo a veces se me hace muy tedioso.
Entonces, no se aburre de pensar, sólo se cansa de pensar.
-No, no, a veces me aburro de pensar.
-Ok, y ¿cuándo se aburre de pensar?
-Cuando es lo único que hago.
-Pero pensar es bueno.
-No cuando es lo único que hago. Pienso en la mañana, en el día, en la noche, en mi escritorio, en mi cama, en el camino al trabajo, cuando hablo con las personas. Ahora que hablo con usted no puedo dejar de pensar.
-Sigo sin entender el secreto. ¿Le parece malo pensar?
-¡Bajo ninguna circunstancia! Lo que sucede es que a veces me aburro simplemente de pensar y pensar…
-Amigo, ¿y qué alternativa tiene?
-Pues, no pensar.
-¿Y quisiera dejar de pensar?
-¡No! El día que quiera dejar de pensar comenzaré a morir. No quiero nunca dejar de pensar. Pero a veces me aburro de pensar.
-Entonces, me cuenta que su secreto es que está aburrido de pensar, y por otro lado nunca quiere dejar de pensar. –¿Entonces que quiere?
-Es difícil explicar, y tal vez usted me pueda ayudar. A veces veo tanta gente que me parece que no piensa, que vive más que pensar, que omite la carga de pensar…
-Perdón que le interrumpa, ¿entonces considera el pensar cómo una carga?
-La verdad, a veces sí.
-!Entonces no lo haga!
-No, usted no me entiende. Pensar es una carga bendita, es algo precioso, es algo que nunca quiero dejar de hacer. Es como comer: comer es algo tan agradable, tan satisfactorio, tan rico…pero a veces uno se aburre de comer. ¿Qué hace cuando se aburre de comer? Deja de comer, o come algo diferente. Con la mente es parecido. A veces se aburre de pensar, a veces quiere pensar algo diferente. Pero a diferencia de la comida, los pensamientos a veces no se eligen, sino que de alguna manera los pensamientos lo eligen a uno…
-Y entonces, ¿puede ser que esté empachado de pensar?
-¡No, no, no! Incluso puedo decirle que a veces deseo tener más y más tiempo para pensar. Hay tantas cosas para pensar, y tan poco tiempo para hacerlo…
-¿Y si elige a alguien que piense por usted?
-Es cómo que le diga que usted elija a alguien que coma por usted, que ame por usted, que viva por usted.
-Bueno, yo a veces tal vez lo haría.
-¿En serio?
-Sí, en serio. A veces quisiera que alguien comiera, amara y viviera por mí, porque a veces yo me canso de vivir.
-¿Y cómo es eso?
-Difícil de explicar. Es que a veces me canso de vivir.
-Me cuesta entenderlo…
-Vivir es bello, pero es complicado, muy complicado. Vivir es buscar motivos, es amar personas, es comprender misterios. Es una contínua batalla…como pensar.
-¡Ahora sí me dejó pensando!
-Jajaja, me causa gracia usted. ¿Sabe qué? Hagamos un trato.
-Depende, ¿cuál es el trato?
-Yo vivo menos y pienso más, y usted vive más y piensa menos.
-¡Hecho! Señora, y ¿cuál es su nombre?
-Filosofía.
-Luis, ¡mucho gusto!

Una historia

Comenzó en un pequeño bar. Un par de miradas cruzadas, y un “qué tal, cómo te va?” fueron el inicio de la historia que hoy nos interesa. Ambos pasaron mucho tiempo solos, buscando aquí y allá esa cosa que deseaban, que su adentro y su afuera anhelaban. Y sucedió. 

Una cosa llevó a la otra, pero luego un desliz hizo que las cosas cambiaran. El la creyó suya e hizo el primer reclamo. Ella se fue asustada, no pensando en regresar. 

El hizo algo por componer las cosas, pero nada funcionó. Una llamada, un mensaje por internet, por celular, y nada. Pensó incluso en dejar las cosas allí. Pero la chispa de aquel café no se le fue de la cabeza. Era hacer algo o no hacer nada. Pero hacer algo implicaba hacerlo todo, arriesgarlo todo. 

Ella al inicio no le extrañó, pero la misma chispa café que le invadió a él, la tentaba a ella. El dejó de hablarle, se comenzó a desaparecer. Ella comenzó a sentir que le hacía falta. Ansiosa esperaba que él la llamara, que él le diera algún signo de que estaba vivo, pero nada pasaba. Estaban tan cerca, sabía donde estarían, pero a la vez estaban tan lejos. 

El tomó la decisión hace algunas semanas, pero poco a poco se olvidó. Como todo en el mundo las cosas cambian, y para él las cosas cambiaron también. Las extrañas vueltas que da un corazón se hacían evidentes en el suyo. 

Ella conoció a uno y a otro, pero a nadie cómo él. ¿Por qué le tomó tanto tiempo darse cuenta? Ahora sentía ella que él estaba lejos. Como el mundo camina a veces en el camino de la paradoja, un día que ella estaba triste, el la llamó. Ella quería decirle mil cosas, contarle cuánto le había extrañado, pero el orgullo de mujer se lo impidió y la conversación estuvo tan afanosa que poco le faltó para llegar al 0 absoluto. Y él se convenció que ella no quería nada con él. 

Ella se recriminó el ser tan tonta. Esperaba muy adentro suyo que el volviera a llamar, que el apareciera un día en su puerta, que una flor con su aroma llegara a su ventana. Pero la flor no llegó, primero terminaron las lluvias. 

Meses después se encontraron de nuevo. Las chispas ahogadas intentaron salir, pero la formalidad pudo más esta vez y nada pasó. 

El encontró a alguien, ella encontró a alguien. Se volvieron a encontrar, se presentaron a las otras parejas. Ambos sintieron una pequeña recriminación de su conciencia. Pero optaron por callarla. 

Ella se casó, el se casó. Se encontraron de nuevo. Ambos lloraron esa noche. 

Me gusta caminar

Caminando. Quiero vivir en una ciudad donde pueda caminar. En la mía lastimosamente es mala idea, te pueden asaltar o matar, así por así. Quiero vivir en una ciudad donde pueda caminar. 

Me gusta caminar porque los pasos de mis pies me recuerdan los pasos de mi vida. Gozo encontrarme con la gente caminando, pensando, meditando, riendo, llorando, con prisa, turisteando, conociendo. Las miradas que se cruzan cuando caminas, esos breves momentos que te recuerdan que estás vivo, y que así como yo hay muchos ojos vivos por ahí. 

En mi ciudad ni los carros caminan en paz, ellos suelen ir con los vidrios tapados, como queriendo esconder sus vidas del mundo. No les culpo, es así como deben ir porque realmente les conviene esconderse, hay quienes buscan como matar. 

A veces cuando voy caminando me gusta parar un momento, encender mi cigarrillo y observar a la gente pasar. Verlas vivir, o ir en camino a algo de sus vidas. Yo también soy parte de ellos, y seguramente alguna loca me ve igual, e intenta dilucidar mis destinos y mis fines. No somos muchos los que somos así, pero somos suficientes. 

Grande es el hombre

Grande es aquel hombre que se posee, que es dueño de su mente y de sus pensamientos, que logra dirigir las acciones para que estén de acuerdo a sus pensamientos. Grande es aquel que se desprende de sí mismo para darse por completo, para lograr los imposibles. Grande es aquel que comprende que el crecimiento personal pasar por pequeños pasos, que el ser mejor se basa en ladrillos sobre ladrillos y que no hay manera de subir sin tener algo donde poner los pies. Grande es aquel que se disciplina a sí mismo, que elige sabiamente su rumbo y hacia el enfila todas sus acciones, sin importar que deba sacrificar para ello. Grande es el hombre que cree en sí mismo, que no se engaña creyendo, que cree sin límites, sin miedos. Grande es aquel para el cual sus metas no son sueños, son lugares a los que ha de llegar. Grande es aquel hombre que comprende el amor. Grande es el que ama sin pedir nada, el que ama sabiendo que es lo mejor. Grande es aquel hombre que también se ama, y fruto de ello reparte amor. Grande es el hombre que huye despavorido de la mediocridad. Grande es aquel que se guía por su razón, que ignora los embates del frío mundo para calentar su realidad. Grande es aquel que sueña y hace. Grande es aquel que duerme todos los días tranquilo y que le entrega su ser total a cada día, a cada cosa que hace. Grande es aquel que no se amaina ante sus propios caprichos, sino que los doma, domina y convierte en virtudes. Grande es aquel que es sincero consigo mismo, que se conoce. Grande es el hombre que debo ser. 

Historia de un galgo

 A diferencia de los animales, las plantas o los hongos, yo no nací pequeño. Fui formado por varios miles de componentes, pero pude considerarme vivo por primera vez cuando medía unos 10 metros de largo, longitud que me sigue persiguiendo por toda mi vida. 

Quien me diseñó pensó que sería bueno transportar a las personas en masa. No pasó mucho tiempo desde que salí de la fábrica de dónde nací hacia las calles, para transportar un conjunto de alegres y traviesos niños. 

Así como nunca he cambiado de tamaño, sí he cambiado de color más de una vez. He de decir que los arreglos que han hecho conmigo han sido buenos. De un amarillo con negro pasé a tener festivos colores rojos, verdes, amarillos y celestes. Esto se dio cuando tuve que emigrar al sur para mantenerme vivo.

Ahora ya no transporto niños, sino que todo tipo de personas. Los viajes ahora me llenan de mucho entusiasmo, porque los paisajes que visito son realmente hermosos. Tal vez el trato que me dan no es el mismo de antes, pero no me quejo. 

Me bañan todos los días desde muy temprano, y sobre mí han pasado muchas cosas curiosas que quisiera comentar. Una mujer dio a luz a su primer hijo, Werner, sobre mis asientos. También hubo un par de novios que se dieron su primer beso en uno de nuestros recorridos. Un par de veces unos tipos se encargaron de despojar de todas sus pertenencias a aquellos que me abordaban. 

Sin duda he tenido más de un susto. Algunos de mis conductores se les olvida que no soy indestructible y me han hecho contener el aceite cuando un par de veces casi nos embarrancamos. Lastimosamente algunos colegas no han tenido la misma suerte, y he tenido que derramar algunos tornillos cuando me he enterado que han sucumbido en algún barranco o durante algún accidente. Pero esas cosas pasan. 

Sé que ya estoy viejo, pero no sé cuando llegará mi descanso. Algunos se quejan ya de los ruidos que hago cuando cambian velocidad o cuando se aplica el freno, pero no sé. Mi vida normal hace mucho debió haber acabado. Pero estoy orgulloso del servicio que he prestado, y en cuanto pueda, seguiré tratando de hacer bien mi trabajo.