Los libros que me quedan por leer

Uno de los requerimientos para una buena vida es la lectura. Para el latino en general, tanto de América como de Europa, la lectura está reservada para aquellos que tienen poco que hacer. Desconozco las estadísticas en cuanto a libros leídos anualmente en cada región, pero estoy seguro de que hay una gran diferencia en el promedio de los países latinos y de los países sajones. Tenemos que leer más. El leer nos pone en contacto con las mejores mentes de la humanidad. Y no sólo eso, nos pone en contacto hablando en primera persona. Es una lástima que la comunicación sea de una vía, pero no deja de ser mágica.

Cuando entro a una librería me siento abrumado. Miro títulos, y títulos de libros que quisiera leer. Hace tiempo tomé la decisión de que cada vez que voy a comprar un nuevo libro hago una pequeña investigación antes, especialmente con lo fácil que es hacerlo ahora por Internet. ¿Por qué? Para saber que leer y saber que NO leer. Un mal libro es un real desperdicio, especialmente porque tenemos una cuota muy pequeña de libros por leer.

Si una librería pequeña tiene unos 50,000 títulos, ¿cómo escogemos? Imaginemos que tengo 50 años más de vida (aunque con el mundo de hoy esto no es ni garantía ni promesa), y que soy un lector ávido que lee un libro anual. Esto es 52 libros al año. Pero para redondear dejémoslo en 50 libros anuales, que sigue siendo una meta alta, y hasta cierto punto poco realista. Ahora, 50 años leyendo 50 libros, quiere decir que tengo por leer 2,500 libros en mi vida….si leo MUCHO. Entonces, si de algo estoy seguro es que debo escoger bien esos 2,500 libros pendientes. Quisiera tener un poco más de tiempo. Por qué, cuántos buenos libros existen? Cuántos buenos libros se escriben cada año? Y sin quererlo, cuántos libros malos leeré? Hay que tener mucho cuidado al elegir la siguiente lectura, porque es un desperdicio lamentable no hacerlo y dejar de leer buenas cosas a costa de malas. El costo de oportunidad es demasiado grande.

Cien años de Soledad

Bueno, uno de los propósitos de este año es escribir más en el blog. Y uno de los propósitos de escribir en el blog es escribir más sobre los libros que leo. De primero para que no se me olviden las cosas que más me interesaron y para compartir ideas. 

 

Este año ya comencé con algunos librillos que leí y de los que no puse nada, así que comenzamos. 

 

“Cien años de soledad” de García Márquez. El libro realmente bueno. Me encantó, simple, llana y sencillamente me fascinó. La edición que tenía era una edición especial con un prólogo de como 100 páginas, y un epílogo de 150. Eso me causó una fea confusión, ya que cuando iba por la página 400 y pico pensé que me quedaban como 150 más, pero cuando iba por la página 432 de repente se acabó. Realmente sentí feo que el libro se acabara (especialmente cuando según yo faltaba un buen tramo).

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San Agustín de Giovanni Papini

    San Agustín de Hipona. Pocas veces había meditado en la vida de este hombre, de este santo. Sabía que había tenido unos comienzos alejados de Dios y que luego se convirtió. Sabía que fue uno de los Pilares de la Iglesia en sus primeros tiempos. Había escuchado la parábola sobre la Trinidad en la que un niño intenta vaciar al mar en un pequeño hoyo de la playa con una concha, Agustín se le acerca y le pregunta   ” ¿Qué haces?”, el niño le responde “intento vaciar al mar en este pequeño hoyo”. Agusín le hace saber lo imposible de su tarea y el niño, que era un angel, le responde “primero vaciaré yo el mar aquí que tu comprendas el Misterio de la Santísima Trinidad”. Pero poco más, como pasa como todos los santos uno los cree como personas extra humanas, con dones especiales que debían de ser santos porque sí.

    Si bien San Agustín fue un genio en todos los sentidos de la palabra, su vida es un testimonio de cómo una persona con las mismas tendencias, pecados y disyuntivas que uno puede convertirse en un santo de este calibre.

    Una gran parte de su vida la dedicó a combatir las herejías. No con armas sino con palabras de verdad. Un gran retórico, teólogo y filósofo, con una agudeza mental capaz de desbaratar cualquier pensamiento hereje. Pero lo de hereje suena a algo viejo, a algo de hace mucho tiempo. Papini en la biografía hace comparación de las herejías que combatió San Agustín (arrianos, pelagianos, donatismo, maniqueos…) con las herejías de hoy, y el parecido es asombroso.
    
    Es la historia de como un hombre con insasiable deseos de verdad, de felicidad llega a dar con ella en la Iglesia. En mucho trató de explicar el valor de la Iglesia fundada por Cristo y como los pecados y barbaridades de sus integrantes no denigran la grandeza de la misión de la Iglesia. Y es asombroso como los mismos conceptos que Agustín expone, hace 1700 años, son igual de verdaderos hoy y como desde aquellos primeros tiempos de la Iglesia se creía en exactamente lo mismo que hoy.
    
    Sin duda aconsejaría la lectura del libro a cualquiera, no importa la religión que profese. Abre también el horizonte de muchas cosas históricas que sucedían en la época y las costumbres que tenían. Mi idea era que los primeros cismas grandes de la Iglesia se dieron con Lutero y seguidores, pero al leer el libro uno se da cuenta que en los mismos comienzos de la Iglesia ya existían estas divisiones, con ideologías casi idénticas a las de hoy, con motivaciones realmente parecidas. Un año después de morir un ejército de arrianos destruyó la ciudad de la que fue obispo durante más de 40 años.

    Papini hace alegorías muy buenas con nuestra cultura moderna y los escritos de Agustín. Por ejemplo, hay una cita que dice “Existimos, sabemos que existimos y amamos a nuestro ser y nuestro conocer. En estras tres cosas…no nos trba ninguna semejanza de falsedad, ya que no son como las que existen fuera de nosotros y que tocamos con algún sentido del cuerpo; pero sin ninguna imagen falaz de fantasías o de fantasmas, es para mí cosa certísima que existo, que conozco mi ser y le amo. Ante estas verdades, o tengo temor algno de los argumentos de los académicos que dicen: ¿y si te engañas? Pero si me engaño es que existo. Porque quien no existe no puede ni siquiera ser engañado y, por consiguiente, si soy engañado es que existo. Y puesto que yo quien me engaño ¿cómo puedo engañarme de que exista cuando es cierto qeu existo si me engaño?”. Inmediatamente despues de estas palabras de San Agustón Papini pone: “no les recuerda esto a las palabras de Descartes ‘cogito ergo sum’?”. Así pone varios casos en los cuales aparentes nuevas ideas, buenas o malas, no lo son ya que San Agustín las abordó en los inicios de nuestra Era.

    Quisiera escribir más sobre esto, porque hay mucho de ello en el libro. Pero algunos pensamientos de Agustín como el siguiente son tan increíblemente iguales y válidos hoy: “[San A gustín]Busca la iluminación interna en el impulso del alma hacia Dios, pero insiste tanto sobre la potestad y necesidad de la Iglesia, que llega a decir que cree en el Evangelio porque lo manda la Iglesia, y no en la Iglesia porque está atestiguada en el Evangelio”. Palabras profundas en gran sentido. Todo el pensamiento de San Agustín es teocéntrico. Todo va dirigido a Dios, pero literalmente todo.

    Papini habla mucho de la necesidad de extremos, porque los puntos medios son mediocridades. Por ejemplo “…para Agustín, como para todas las grandes mentes, no hay grises. Las soluciones medias son mediocres; pero si se dan los extremos, siempre que concurran todos, se llega a una síntesis, que no es compromiso, es superación.” Los extremos no son malos, siempre que estén todos, porque cuando sólo hay un extremo y las cosas tienden a él, las cosas están mal.

    El libro, al tener muchos extractos de la obra de San Agustín, tiene citas por todos lados. Muchas lo dejan pensando a uno mucho. Dice en algún lado que Agustín cambia los paradigmas con cositas tan sencillas como la frase “¿vivimos una vida que muere, o una muerte que vive?”. Ahora me quedé picado y estaré buscando las dos más grandes obras de San Agustín: “Confesiones” y “Ciudad de Dios”.

    Papini fue un ateo por mucho tiempo. Muchos de sus libros son duras críticas del cristianismo y de la Iglesia. Su obra literaria es una evolución en la que se puede ver el cambio de un ateo convencido a un cristiano fervoroso. Pero la manera en la que escribe es realmente agradable, rara vez aburre y hace al lector necesariamente reflexionar. Si encuentran el libro, léanlo.

La montaña mágica

Inicialmente iba a escribir un post por cada libro que leyera antes de leer el siguiente, pero las ganas de comenzar un nuevo libro me han ganado, de manera que tengo alguna cola de libros por comentar. Pero mejor comienzo antes de comenzar el siguiente.

La Montaña Mágica de Thomas Mann. ¿Qué les digo del libro? Es exquisita su lectura. Al comienzo no me pareció muy interesante y decidí terminarlo debido a que es uno de los libros que hay que leer. Y aunque hay partes del libro que son un poco engorrosas y espesas, hay partes en las que no quería dejar de leer. Es uno de esos libros en los cuales lo que llama la atención no es lo que se dice sino la forma en la que se dice. Por ejemplo, hay un capítulo completo de casi veinte páginas sobre el fonógrafo, en el cual se habla casi que exclusivamente de este aparato y lo maravilloso que es (bueno, no deja de ser interesante leer estas cosas que hace unos años eran nuevas y para nosotros parte de nuestra vida desde que nacimos).

El libro transcurre básicamente en un lugar, un hospital para personas con Tuberculosis o problemas con su respiración. Hans Castorp, el protagonista, hace una visita a su primo Joachim Ziemssen que está recluido durante un tiempo por un pequeño problema en su pulmón. El inicio del libro trata de como Hans mira el comportamiento de la gente que habita en el hospital de un modo tal que los mira ajenos: con tal el estará en ese lugar solamente tres semanas. Pero al final de la tercera semana comienza a sentirse mal, se hace unos exámenes y resulta estar enfermo también. Inmediatamente su perspectiva cambia.

Sus tres semanas se convierten en años, y se acostumbra tanto a la vida en el hospital que la noticia de su dada de alta le hubiese producido pavor. Su primo sale finalmente, no por recomendación médica sino por propio principio ya que desea ardientemente ser soldado. Al poco tiempo vuelve y ambos sienten el cambio de papeles: Joachim es quien visita a Hans. Posteriormente Joachim muere.
Pero sin duda lo más interesante del libro son las conversaciones y discusiones que un italiano también recluido llamado Settembrini entabla con los protaginistas. Posteriormente aparece otro personaje, Naptha, que es lo opuesto a Settembrini. Uno es un humanista por todos los lugares y el otro es un jesuita conservador. Ambos intentan adoctrinar al joven Hans y buena parte del libro se va en estas discusiones.

Hay también una medio historia de amor. Una rusa llamada Clawdia, que se sabe que es casada pero no se le conoce al esposo. Con juegos de miradas y cosas parecidas pasan ambos mucho tiempo hasta que finalmente Hans decide armarse de valor y hablarle. El día que lo hace es el día previo a la partida de Clawdia (claro, Hans no lo sabía), pero le promete volver. Una de las razones por las que Hans no quiere abandonar el sanatorio es por la esperanza de ver volver a Clawdia. Y con los años esta vuelve, pero acompañada de un tipo que resulta ser una personalidad.

Aunque un poco pesado definitivamente es un libro que vale la pena leer, y en su mayor parte da gusto leer.

Luis H. Fernández
luishernan@gmail.com

Un par de relatos de Gog

Los siguientes son un par de relatos de Gog. Realmente me fue difícil cuáles dos publicar, porque realmente hay muchos muy buenos, pero tampoco los voy a poner a leer mil cosas. Así que les van dos ahorita, y dos la otra semana que creo que son los más representativos….

 

LAS MÁSCARASNagasaki, 3 febreroAyer compré tres máscaras japonesas antiguas, auténticas, maravillosas. En seguida las colgué en la pared de mi cuarto y no me sacio de mirarlas. El hombre es más artista que la Naturaleza. Nuestro rostros verdaderos parecen muertos y sin carácter ante estas creaciones obtenidas con un poco de madera y de laca.Y al mirarlas pensaba: ¿Para qué el hombre cubre las partes de su cuerpo, incluso las manos (guantes), y deja desnuda la más importante, la cara? Si ocultamos todos los miembros por pudor o vergüenza, ¿por qué no esconder la cara, que es indudablemente la parte menos bella y perfecta?Los antiguos y los primitivos, en muchas cosas más inteligentes que nosotros, adoptaron y adoptan las máscaras para los actos graves ; bellos de la vida.Los primitivos romanos, como hoy los salvajes, se ponían la máscara para atacar al enemigo en la guerra. Los hechiceros y los sacerdotes tenían máscaras de ceremonia para los encantamientos y los ritos. Los actores griegos y latinos no recitaban jamás sin máscara. En el Japón se danzaba siempre con la máscara (las que he comprado son precisamente máscaras para el baile Genjó-raku y pertenecen a la época de Heian). En la Edad Media los miembros de las hermandades llevaban la cara cubierta con una capucha provista de dos agujeros para los ojos. Y recuerdo el Profeta Velado del Korazan, el Consejo de los Diez de Venecia, la Máscara de Hierro… Guerra, arte, religión, justicia: nada grande se hacía sin la máscara.Hoy es la decadencia. No la adoptan más que los bufones del carnaval, los bandidos y los automovilistas. El carnaval está casi muerto, y los salteadores de caminos van siendo cada vez más raros.La máscara, según mi opinión, debería ser una parte facultativa del vestido, como los guantes. ¿Por qué aceptar un rostro que, al mismo tiempo que es una humillación para nosotros, es una ofensa para los demás? Cada uno podría escoger para sí la fisonomía que más le gustase, aquella que estuviese más de acuerdo con su estado de ánimo. Cada uno de nosotros podría hacerse fabricar varias y ponerse ésta o aquélla según el humor del día y la naturaleza de las ocupaciones. Todos deberían tener en su guardarropa, junto con los sombreros, la máscara triste para las visitas de pésame y los funerales, la máscara patética y amorosa para los flirteos y los casamientos, la máscara riente para ir a la comedia o a las cenas con los amigos, y así por el estilo.Me parece que las ventajas de la adopción universal de la máscara serían muchas.Higiénica. Protección de la piel de la cara.Estética. La máscara fabricada por encargo nuestro seria siempre mucho más bella que la cara natural y nos evitaría la vista de tantas fisonomías idiotas y deformes.Moral. La necesidad de disimular -es decir, de componer nuestro rostro con arreglo a sentimientos que casi nunca experimentamos- se vería muy reducida, limitada únicamente a la palabra. Se podría visitar a un amigo desgraciado sin necesidad de fingir con la fisonomía del rostro un dolor que no sentimos.Educativa. El uso prolongado de una misma máscara -como demuestra Max Beerbohm en su Happy Hypocrite- acaba por modelar el rostro de carne y transforma incluso el carácter de quien la lleva. El colérico que lleve durante muchos años una máscara de mansedumbre y de paz, acaba por perder los distintivos fisonómicos de la ira y poco a poco también la predisposición a enfurecerse. Este punto debería ser profundizado: aplicaciones a la pedagogía, al cultivo artificial del genio, etc. Un hombre que llevase durante diez años sobre la cara la máscara de Rafael y viviese entre sus obras maestras, por ejemplo, en Roma, se convertiría con facilidad en un gran pintor. ¿Por qué no fundar, basándose en estos principios, un Instituto para la fabricación de talentos?TODO PEQUEÑONueva York, 24 eneroMe sorprende y me ofende -por cuanto pertenezco a esa especie- el humilde contentamiento de los hombres. Hablan a cada momento de grandezas -the biggest in the world- y luego se descubre que les parece inmensa cualquier modesta pequeñez. Falta, absolutamente en todos, el sentido de lo gigantesco. Discurren como Sansones y operan como Tom Pouce.Una estatua alta de sesenta metros parece, a sus ojos un coloso; una casa de ciento cincuenta, un desafío al cielo; una torre de trescientos, un portento único; un puente largo de mil metros, un triunfo del genio humano. Una ciudad donde viven seis o siete millones de hombres -es decir, cien veces más desierta que ciertos hormigueros- hace el efecto de una metrópolis inmensa, y un pueblo de cien millones parece interminable. Nunca he visto pobres tan en éxtasis ante las obras de empresarios tan mezquinos. Cuando me encontré por primera vez al pie de la torre Eiffel no pude menos de reír. Aquella desgarbada jaula de hierro mohoso, que parece un juguete para ingenieros, abandonado cerca de un riachuelo, ¿era verdaderamente la más alta construcción de la Tierra? Hay que avergonzarse de ser hombre y haber nacido en este siglo.San Pedro de Roma es, según dicen, la más vasta iglesia del mundo, y por lo menos tiene, como vestíbulo, una plaza que podría ser el modelo reducido de alguno de mis sueños. Pero si uno entra en las naves queda desilusionado. ¿Es esto todo? En pocos pasos se llega bajo la cúpula; no quiero decir que sea fea, ya que los especialistas en arquitectura la admiran, pero las dimensiones son increíblemente míseras. Si el Emperador del Mundo -que un día u otro reunirá bajo su dominio las pequeñas provincias llamadas hoy reinos y repúblicas- se fabricase un palacio real digno de él, una cúpula como la de Miguel Ángel podría, todo lo más, ser la bóveda de un atrio de servicio. Y en lo que se refiere al Coliseo, sería, imagino, un pequeño patio de paso a las cocinas.Tal vez los babilonios y los egipcios tenían algo más que nosotros, la fantasía de lo grandioso, aunque hay que desconfiar de las ruinas que pueden ilusionarnos. Pero los modernos -que poseen medios y mecanismos muy superiores a los antiguos-deberían hacer mucho más y no abrir la boca a la vista de los mezquinos intentos de nuestros arquitectas micrómanos.Ninguno tiene una imaginación digna de nuestra calidad de monarcas del planeta Se tendría, por ejemplo, que recomenzar la torre de Babel, abandonada, por una vil superstición, hace miles de años. Un torreón de mil metros, que rebase la zona de las nubes y permita contemplar todo un Estado entero a sus pies, no sería empresa imposible para nuestros constructores.Hace ya cerca de cuatro siglos que Miguel Ángel tuvo una idea verdaderamente digna de un hombre: la de excavar una montaña y convertirla en una estatua gigante. Nadie le escuchó ni le ayudó, pero yo sostengo que aquella obra, aunque no realizada, es la verdadera obra maestra de Buonarrotti. En los Alpes Apuanos hay todavía un monte de mármol que se prestaría óptimamente.¿Y quién piensa en tender un puente verdaderamente digno de la potencia humana: esto es, entre Europa y América? Los técnicos interrogados por mí lo consideran factible: se trata únicamente del coste del tiempo y la audacia. Pero mis contemporáneos son de una timidez que asquea. Una vía imperial, ancha de doscientos metros, larga de doscientos kilómetros, bordeada de millares de estatuas colosales de los más grandes genios del mundo, que atraviese una verdadera metrópolis de al menos treinta millones de habitantes, parecería a estos pigmeos acomodaticios un sueño absurdo.Se contentan con admirar las naves de dos o trescientos metros de largo que transportan lentamente, a través de los mares, algunos millares de vivientes. Pero la nave a la medida de nuestro tiempo debería ser una verdadera y propia isla, con jardines plantados en tierra verdadera, con calles y palacios, y destinada, no a andar de aquí para allá, de un continente a otro, sino a hacer posible la carrera seguida de todos los continentes. Las naves de hoy no son más que barcazas y vapores, que harán, dentro de un siglo, el mismo efecto que nos hacen las diligencias de cien años atrás.Por ahora, únicamente las palabras son de titán, pero nuestras obras son de hormigas y de topos. Incluso las termitas nos pueden dar lecciones de grandeza. El hombre moderno, a pesar de su jactancia, piensa como Gulliver y no se da cuenta de que vive a nivel de Liliput. 

Gog

Gog, Giovanni Papini A insistencia de mi padre, me dispuse a leer este libro cuya edición es de 1933 y que pertenecío a Héctor Castañeda. El libro, a groso modo, trata sobre una especie de diario de Gog, un personaje hiotético que tuvo unos inicios humildes en Estados Unidos, que luego se convirtió en un exitoso Business man y que terminó siendo un gran multimillonario. Al tener dinero para el resto de su vida se dispuso a viajar. Quien relata la historia cuenta que Gog le entregó un montón de escritos a manera de diario, y dichos escritos constituyen el libro. Para ponerse a pensar sobre mil cosas de nuestro mundo, este libro es perfecto. A modo de historias Pappini satiriza nuestra cultura en todos sus sentidos. Además toca temas muy bien construídos en los cuales uno normalmente no se podría a pensar. Gog al ser una persona estúpidamente rica se da muchos gustos con finalidades raras. Se compra una isla en la que “compra” un conjunto de gentes que viven en una “democracia” en la que se hace “lo que el pueblo quiere” pero realmente se hace lo que él quiere, aunque las personas no saben que la isla es de él (Gog). Tiene cierta fascinación por las colecciones, pero busca colecciones originales. Por ejemplo tuvo una colección de gigantes, en las que encargó a personas le buscaran gigantes y logró reunir 17. En un laboratorio encontró a un científico que intentaba hacer que corazones palpitaran sin cuerpo, y según el científico el corazón más parecido al humano es el del cerdo. Gog le hace un encargo de 100 corazones palpitantes para su colección. Otra vez encargó le reunieran hacedores de milagros de todo el mundo. Encontró a cinco y les dio un año para que les mostraran sus milagros, y se decepciona al ver que ninguno pudo hacerle uno. Se reunió con gente importante de su tiempo. Relata una visita a Ford, a Einstein, a G.B. Shaw, a Ghandi, a Lenin, a Knut Hamsun y otra al conde de Saint Germain. Es una especie de mecenas, alguien que detesta la humanidad y alguien que se aburre todo el tiempo. Va buscando cosas que le entretengan. En un capítulo ofrece a una universidad una gran cantidad de dinero para una cátedra con la condición de que dicha catédra fuera nueva y nunca impartida antes. Relata como un fulano le ofrece que la catédra sea sobre Ftiriología, o ciencia de los piojos y de cómo estos han tenido una gran influencia en la historia, es más, cómo han moldeado la historia. En otro capítulo Gog se propone hacer una “fábrica de poesía”, contrata a poetas de distintas corrientes y culturas, les da alojamiento y mil comodidades durante un año para que saquen algo nuevo, y se decepciona con los resultados. En otra ocación visita una venta de huesos, en otra un duque español le muestra su colección de familiares en cera, de la cual está triste porque le no tiene descendientes y la colección terminará… En fin creo que aprendí mucho sobre el libro, y sobre todo, me hizo pensar en cosas que realmente nunca me hubiera puesto a pensar. Hace ratos he estado con mi gana de poner una sección de cuentos en el blog, y creo que está es la mejor oportunidad para empezarla, así que el siguiente post que vean será un cuento de Gog. Por cierto, necesito ideas de cuentos….

Ensayo sobre la ceguera

Antes que nada, este es el primer comentario que hago en esta mi nueva sección de libros. Aunque tengo varios ahí guardados, este es el primero que quiero hacer ya que es sobre el libro que hace un par de días terminé de leer. Ojalá a esta sección se le agreguen muchos más libros y que cualquiera me de también sus comentarios….en este tipo de cosas alimenta mucho las opiniones de muchas personas.

A la larga creo que quedé un poco decepcionado del libro. Había escuchado muchas recomendaciones sobre él, lo había buscado hasta que al fin lo pude encontrar en una librería ya que siempre estaba agotado. En fin, la expectación era grande. El libro es de fácil y fresca lectura. Saramago al parecer tiene una manera muy extraña de expresar sus ideas, y a aparte de la coma no utiliza signos de puntuación. El uso que hace de la coma para construir los diálogos y las descripciones es muy bueno. Incluso me sorprendió como no me perdí en los diálogos, cosa que me sucede a menudo con los guiones. Además la lectura se vuelve muy fluida lo cual es muy agradable.

El argumento del libro me parece interesante. Nos hace pensar sobre muchas cosas de la naturaleza humana. Esa maturaleza que cuando se ve desprotegida hace lo que le sea posible para salvar el pellejo, no importa qué o a quiénes necesitemos. Muchas veces me puse a pensar mientras leía el libro, ¿qué tanto cambiarían misp perspectivas si en mis ojos sólo existiera una ceguera blanca? ¿Apreciaría a las personas de la misma manera? ¿Apreciaría a las mismas personas? … ¿y si todos fuésemos ciegos? El libro nos pone en relieve lo mucho que los ojos importan para nosotros. Hay escenas en las que la vergüenza se pierde simplemente porque las personas no pueden ver, y sobre todo, no las pueden ver. De pronto en un mundo de ciegos no hay bonitas ni feas, no hay ricos ni pobres, no hay líderes con su gente…ni siquiera saben reconocer a su gente.

Lo que no me gustó del libro es que parece una de esas películas sobre desastres naturales que sólo con ver las atracciones ya sabes de qué se trata, y que al salir del cine puedes resumir en cinco minutos. Al leer las primeras diez páginas ya tenía una idea de lo que el libro iba a ser, y de hecho el resto es un parafraseo alrededor de la idea de un mundo donde todos se quedan ciegos de repente. En mi humilde opinión creo que el libro debió de haber sido un poco más corto, o haberle agregado argumentos laterales a la historia principal. De hecho no hay un punto en el libro en que hayan dos hilos de tramas, es totalmente lineal. En resumen lo quiero decir es que si le damos a 15 escritores las primeras 20 páginas del libro y les pedimos que lo completen, probablemente tendríamos historias similares y más cortas. Es como el anuncio de MasterCard, el de priceless. La idea me parece magnífica, pero siento que pudo haber sido mucho más explotada, de tan buena que era la idea.

Con todo y todo, recomiendo el libro. ¿Por qué? Porque te hace pensar y analizar sobre muchas cosas de, no digamos la naturaleza humana, que suna muy general, sino sobre nuestra propia naturaleza, la de cada uno. Creo que cada uno de los que ha leído este libro se ha puesto en la posición de ¿qué haría yo? Sería interesante ver las respuestas de cada uno….